La peligrosa labor de un bombero

CINTHYA VALERIA/REVISTA VOCES

Ser bombero es un oficio que implica una ardua y peligrosa labor, cuyo principal objetivo es poner a salvo y brindar atención a las personas cuando se encuentran frente una emergencia.

El comandante Jorge García Cruz con 62 años de edad y 41 de servicio nos platicó sus experiencias y la razón que lo motivó a incorporarse al cuerpo de bomberos.  

Expuso que trabajando en Pemex como dibujante técnico, un día pasó por la estación de bomberos y quiso saber qué se sentía ser bombero; entonces pidió información, llenó los requisitos y en un par de días ya tenía su uniforme.

Aseguró que no se arrepiente, pues tomó la decisión correcta, ya que con 41 años de servicio, esta labor le ha dejado múltiples satisfacciones.

“Uno se siente orgulloso de ser bombero cuando la sociedad o el gobierno reconocen nuestro trabajo; cuando nos entregan equipo nuevo (uniformes y unidades), porque nos permite realizar mejor nuestro trabajo en beneficio de la población” destacó.

Explicó que el equipo con el que debe contar un bombero consta de 7 piezas: casco, monja, mascarilla, chaquetón, pantalón, guantes y equipo de aire.

El costo aproximado del equipo completo de protección personal que utilizan los bomberos es variado: desde los 25 mil a los 250 mil pesos, es decir, va de acuerdo a la capacidad económica del municipio, puntualizó.

Indicó que por ser un trabajo peligroso es normal sentir miedo; sin embargo, para él el miedo lo mantiene alerta y seguro.

“Sentir miedo es algo tan natural, en ocasiones ha habido compañeros que les da miedo, no lo superan y deciden renunciar”, citó.

García Cruz señaló que cuando hay varias personas en riesgo, esto resulta una grave decisión: “Hace algunos años, unos trabajadores del agua potable estaban limpiando un drenaje, cuando me asomé habían tres personas, dos se movían y la otra no. Fue una decisión bastante difícil, pero en ese momento había que salvar vidas. Se da prioridad de salvar a la persona que esté con vida que a uno que no se sabe si está muerto”. “Hace treinta años el cuerpo de bomberos no contaba con ambulancia, nos hablaron que había una ancianita que no podía moverse y urgía llevarla al hospital. Había una pipa y en ella la trasladamos al médico. Para nosotros fue un servicio como cualquier otro, ayudar y listo, la sorpresa fue que días después llegó la señora a la estación y nos preguntó en qué unidad la habíamos llevado porque no veía ambulancia, supo que fue en la pipa, la señora se acercó y lloró junto a la pipa, la roció de agua bendita y a un servidor le regaló una toalla, realizó este acto como agradeciendo a lo que habíamos hecho por ella” finalizó.

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